América Latina: Recursos del Futuro

Brasil: El biogás

La gigantesca central hidroeléctrica de Itaipú, compartida por Brasil y Paraguay, se está volviendo también referencia en una fuente de energía a microescala que no solo es limpia, sino que higieniza el ambiente y promueve el desarrollo local, el biogás.

Evitar la contaminación del embalse por residuos orgánicos para preservar la eficiencia generadora de la central es el objetivo primordial de Itaipú, cuyo principal programa socio-ambiental, “Cultivando Agua Buena”, comprende 65 acciones de protección de la cuenca del río Paraná III, el área afectada por la represa del lado brasileño, en el oeste del estado de Paraná.

El biogás, que se obtiene a partir de excrementos animales, cumple esa función de saneamiento. Pero también reduce la emisión de gases de efecto invernadero y suma una fuente de ingresos para los agricultores locales. La actividad rural gana dinamismo con los ingresos energéticos y con la “economía del biogás”, su cadena de suministros, servicios y conocimientos, pero también el saneamiento urbano puede aprovechar el agua servida, gran fuente de gases.

Brasil vivió más de cuatro décadas de concentración eléctrica, de la que Itaipú es un ejemplo, en busca de mayor eficiencia, pero el modelo se agotó y debe incorporar la generación distribuida y descentralizada, dando un papel importante a los microgeneradores que, además de energía, producen desarrollo local y mejoras ambientales.

Chile: Minería Subterránea

La caída en la concentración del mineral, la preservación del ambiente y los avances de la tecnología llevan a las grandes compañías extractivas a volver a  la minería subterránea, una tendencia al alza en Chile y el mundo. La tendencia se debe a que grandes yacimientos que han sido explotados a tajo abierto presentan mejores recursos a mayor profundidad y a que la exploración en Chile está tendiendo a recursos más profundos, ya que los superficiales han sido largamente explotados.

Este país sudamericano cuenta con el yacimiento cuprífero subterráneo más grande del mundo, en explotación desde 1905 y propiedad de la estatal Corporación Nacional del  Cobre de Chile (Codelco).

La principal ventaja de la minería subterránea respecto a la de tajo abierto “es que en general solo extrae el mineral, dejando en el lugar el material estéril“. Con ello se evitan la remoción de material sin valor económico y también mayores impactos ambientales. Los costos de operación de una mina subterránea no son mayores que los de aquellas a cielo abierto. La minería subterránea también contribuiría a reducir gastos en seguridad y tiempo, puesto que los viajes son más cortos, se usa menos energía y más tecnología.

Se utiliza el sistema de explotación por hundimiento de bloques, conocido en la industria por la expresión inglesa “block caving”, que cuenta con bajos costos asociados y es considerado el método del futuro.

El block caving aprovecha la fuerza de gravedad, es decir, requiere de muy poca energía para romper la roca ya que solo se realiza un quiebre inicial en la base y luego, a medida que se va extrayendo el mineral, la fuerza de gravedad hace su trabajo, provocando el desplome del macizo rocoso. Es el método subterráneo más económico para los yacimientos masivos, aunque existen riesgos geotécnicos. El principal es el estallido de rocas, o “rock burst”, que ocurre en explotaciones masivas sometidas a grandes esfuerzos y en rocas frágiles.

El paso hacia la minería subterránea significará que, en un futuro cercano, más de un millón de toneladas diarias de mineral tendrán como origen el subsuelo profundo.

IPS

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