Cómo Cambiar al Mundo

Enviado  por  Graciela  (San Luis- Argentina), quien ya es parte de la comunidad de Canal Latino USA.

         por Jeff Foster

 Es muy fácil quedar atrapado en las historias mentales acerca de qué es lo que está mal con el mundo. Una vez que te metes en ese camino, te das  cuenta que hay millones de cuentos que contar. La mente es genial a la  hora de reunir cualquier evidencia que indique que la vida es una mierda y que mañana estará peor.  Nos han enseñado a creer que el cambio vendrá como resultado de enfocarnos  en, y resistir lo “malo”, lo “injusto”, lo “incorrecto” que hay en el  mundo. Imaginamos que, con el fin de que se dé una sanación primero  debemos ver un gran problema. Y que si no vemos ningún problema, es  porque nos estamos engañando y entonces debemos crear uno. Necesitamos  algo en qué ocuparnos, ¿o no? Necesitamos imaginar un futuro. O al menos eso es lo que nos dicen.

¿Qué  pasaría si en realidad no hay ningún problema? ¿Qué pasaría si no hay  errores en este momento? ¿Qué pasaría si ninguna escena de alguna  película, sin importar lo dolorosa o fuerte o “problemática” que fuera  tuviera la capacidad de estropear o descomponer la película? ¿Qué  pasaría si dejáramos de quejarnos o de pelear en contra o de resistir lo que está “mal” en los demás, en la economía, en el ambiente, en  nuestros gobiernos, y así sucesivamente? ¿Qué pasaría si, en lugar de  tratar de cambiar a los demás y al mundo, en lugar de estar peleando en  contra de lo que creemos que está “mal”, esperando a que otros nos hagan felices e íntegros, trascendemos ese juego del “bien vs. el mal” y  realmente empezáramos a vivir nuestro propio cambio, de manera alegre y  sin tener que mirar atrás?
¿Qué pasaría si, antes de intentar cambiar el mundo primero honramos la  perfección inherente de la vida tal y como realmente es? ¿Qué tal si, en lugar de estar comparando qué tan horrenda es la vida ahora con cómo  debería ser “algún día” nos diéramos cuenta que todo está en su justo  lugar, incluyendo la injusticia, el dolor, la pena, la crueldad y la  percepción de los “problemas”?
¿Qué tal si, tan sólo por un momento, dejáramos de jugar a ser Dios,  renunciando a controlar lo incontrolable y honráramos la apariencia  actual de la vida, la manifestación de este momento, exactamente como  es? ¿Qué pasaría si, tan sólo por un instante, confiáramos en el  movimiento de la vida, no en las imágenes ni tampoco en los ideales?  ¿Qué pasaría si decimos SÍ a la forma en como las cosas están ahora? ¿Acaso eso sería renunciar al cambio? ¿O sería más bien el inicio de una verdadera transformación?
¿En realidad tenemos la necesidad de venir desde un lugar de ira, de  resentimiento, de amargura y frustración para lograr cambios saludables? ¿Realmente necesitamos decir NO a la vida? ¿No es de ahí precisamente  de donde vino la miseria, en primer lugar?  ¿Podríamos, en cambio, venir desde un lugar de total alineación con cómo son las  cosas? ¿Podría nuestra voluntad de cambiar al mundo provenir desde el SÍ a todas las cosas, un SÍ al actual ritmo del cambio, un SÍ a todo eso  que parece meterse en nuestro camino (¿el camino de quién?), un SÍ a  cualquier frustración e incluso a la decepción que podría llegar a  visitarnos dentro de la escena presente, y un alegre y juguetón SÍ en  constante expansión hacia cualquier posibilidad?
¿Podrías vivir tu verdad, en lugar de esperar a que los demás la vivan? ¿Podrías forjarte tu propio camino, sin tener la expectativa, ni demandarle a  otros que te sigan? ¿Podrías “buscar tu felicidad” (no en el camino de  alguien más, sino dentro de tu propia alegría, en aquello que te hace  sentir vivo) como Jeseph Campbell dijo, sin esperar a que los demás  estén de acuerdo contigo, o que te aprueben o incluso te tomen en  cuenta? Y tal vez lleguen a hacerlo, o no, cuando vean cómo tu propia  realidad trabaja para ti, cómo la estás viviendo, cómo es que te llenas  de vida y que no estás sólo hablando o predicando sobre la “verdad”  desde un lugar completamente falso. Quizás tu alegre transformación será lo más atractivo para ellos. Mucho más atractiva que cualquier  discurso, mucho más atractiva que el simple hecho de decirle a alguien  cómo debe vivir, cómo debe pensar y cómo debe sentir. Tal vez puedas  enseñar a través de tu vivo entusiasmo y no desde tus palabras.
Vive tu verdad sin caer en la tentación de disculparte y ¡deja de intentar  cambiar al mundo! Salta del camino, déjate llevar por la profunda  aceptación de este momento completamente vivo, y el mundo cambiará por  completo para ti, a veces lo hará con formas muy sutiles, que apenas se  notan y otras en formas grandiosas. A nivel relativo celebras cualquier  cambio o la falta de cambio y te deleitas jugando y descubriendo, y en  un nivel más profundo, eres cósmicamente intocable por todo esto, ya que eres la vida misma y porque siempre has sabido que todo ha sido  perfecto. La mente nunca ha estado a cargo del cambio.

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