El amor argentino de Kennedy

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El 2 de marzo de 1939, el cardenal italiano Eugenio Pacelli inauguró su papado como Pío XII. Entre los cientos de invitados a la ceremonia estaban el embajador estadounidense en Londres Joseph Kennedy con su familia, y el embajador argentino en París, Miguel Angel Cárcano, con sus tres hijos. Después hubo una gran recepción en el palacio de la poderosa familia Colonna. “La fiesta parecía un sueño”, recordaba Stella “Baby” Cárcano ante Clarín en exclusiva hace trece años. “De repente se acercó una americana a preguntarle a mi padre si podía presentarme a un joven de su país. Papá le dijo que sí. Al rato apareció John . Tenía un jopo rubio gigante y se reía todo el tiempo. ‘Soy Jack Kennedy y quiero salir a comer contigo”.

Baby se negó, Kennedy insistió y se hizo invitar a la boite a la que ella iba a bailar. “En Roma, John se hizo íntimo amigo de mi hermano Michael, que me decía ‘lo veo a Jack entusiasmadísimo contigo y tú no le llevas el apunte’”, explicaba Stella. ¿El futuro presidente de Estados Unidos estaba enamorado de ella? “Bueno, no creo. Se le había metido algo en la cabeza e insistía. El siempre decía que no había que perder ni un momento, que las oportunidades se iban”.

Según su propio testimonio, Baby y Jack se siguieron viendo en París, y el 26 de mayo de 1941 Kennedy llegó a la Argentina proveniente de Río de Janeiro. Tres días después, festejó su cumpleaños número 24 en la estancia San Miguel, que la familia Cárcano tenía en Ascochinga, Córdoba, y luego de diez días siguió su viaje por América Latina. “Llegó a Buenos Aires a las tres de la tarde, y apenas nos vio nos dijo ‘quiero comer carne’. Como no había dónde almorzar a esa hora, lo llevamos a la confitería París y se comió unas masitas. El asado lo probó en Córdoba”, le decía Baby Cárcano, a sus 84 años, a este diario.

Hay más recuerdos. En San Miguel, Kennedy se la pasaba recitando discursos de Washington y Lincoln. En esos días, su padre Joseph había formulado unas desdichadas declaraciones progermanas, que le valieron una lluvia de críticas. En Córdoba, John lo defendía. Cuando Michael Cárcano le dijo que aquellas palabras de su papá le habían truncado su propia carrera política, Jack se enfureció: “Te apuesto que voy a ser presidente de los Estados Unidos”.

¿Qué hacía Kennedy en Córdoba? Quería cazar pumas y águilas, pero no tenía puntería. No quiso probar el mate, y se bañó en un río un par de veces. Hacía cabalgatas larguísimas, vestido con bombachas de campo… y guantes. “Tengo alergia a los caballos, no los puedo tocar”, aclaraba. La amistad siguió a través de los años. Kennedy se casó con Jackie y Baby con un inglés amigo de John, de quien se separó años después. Se vieron en Londres, en Estados Unidos. Se escribieron decenas de cartas. La última vez que se encontraron, en 1961, Kennedy les prometió que intentaría destrabar un crédito para la Argentina. “El Senado se opone, pero haré lo que pueda”, les sonrió.

Amigos. John y Stella “Baby” Cárcano en la estancia San Miguel de Córdoba.

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