EE.UU. y la paja en el ojo ajeno

Fernando Ravsberg . Tomado de Progreso Semanal

La congresista cubanoamericana por la Florida, Ileana Ros-Lehtinen, sorprendió a muchos cuestionando la justicia de los EE.UU., dijo que “es extremadamente decepcionante” que los tribunales dejen en libertad a uno de los 5 agentes cubanos, tras cumplir su condena.

Ella no explica qué otra cosa podrían haber hecho. Quizás la alternativa hubiera sido enviarlo a la Base Militar estadounidense de Guantánamo, donde no tendrá derechos legales ni abogados que los reclamen y tampoco será sometido a un proceso judicial.

Pero sería poco diplomático hacerlo la misma semana en que Washington publicó su lista de países violadores de los DDHH. Como cada año, destaca el nombre de Cuba, aunque sin mencionar Guantánamo, a pesar de que allí se concentra el mayor número de presos políticos de la isla.

El Secretario de Estado Kerry tampoco dijo nada a pesar de que su Presidente se opone a la existencia de ese campo de prisioneros y prometió cerrarlo durante su primer año de gobierno, plazo que se venció hace ya muchísimo tiempo.

Las violaciones de los DDHH de unos no justifican las que cometen otros pero resulta alucinante que el país poseedor de la prisión más famosa del mundo, por la falta de derechos de los detenidos, elabore una lista mundial de infractores y no se incluya.

Pero hay más, Pekín publicó también un informe sobre DDHH en el que sí aparece EE.UU., es acusado de “haber perpetrado 376 ataques con drones (aviones no tripulados) en Pakistán y Yemen, matando a 926 personas, la mayoría civiles, varios niños entre ellos”.

Sigue siendo más fácil ver la paja en el ojo ajeno que el tronco en el de uno y tampoco se ve en el de los amigos porque coincide que los gobiernos más vehementemente denunciados son “enemigos” de Washington, los violadores “amigos” apenas se mencionan.

No en vano fue en EEUU donde dijeron que se puede proteger a un “hijo de puta” siempre y cuando sea “nuestro hijo de puta”. Máxima expresión del doble rasero con que se mide a la comunidad internacional y un flaco favor que se le ha hecho a la lucha por los DDHH en el mundo.

Ahora las cosas se complican porque el Ministro de Defensa ruso anunció que negocian con Cuba la posibilidad de establecer bases militares de Moscú en la isla y, para que nadie dude que hablan en serio, al día siguiente ancló en el puerto de La Habana una nave de su marina de guerra.

Tiemblen los estudiantes de la Universidad de las Ciencias Informáticas, UCI, por si a los rusos se les ocurre reclamar la devolución de las instalaciones docentes, donde otrora funcionó la Base Soviética de Lourdes, dedicada a espiar las comunicaciones de los EE.UU.

A Washington se le hará difícil protestar por el supuesto establecimiento de militares rusos en tierras cubanas, cuando mantiene una base en la isla y somete a escuchas ilegales al resto de los gobiernos del mundo, incluyendo a sus aliados europeos y de América Latina.

Las cosas han llegado tan lejos que la UE y Brasil se han puesto de acuerdo para tirar un cable telefónico submarino entre los dos continentes al que no tendrá acceso EE.UU. para evitarle así la tentación de volver a espiar las comunicaciones oficiales de otros países.

Algunos analistas se preguntan si volverá el mundo a una nueva “Guerra Fría” y nadie sabe cómo se enmarcará todo esto dentro de los esfuerzos de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC, por convertir la región en una “Zona de Paz”.

Desde hace mucho tiempo América Latina está libre de armamento nuclear. Este año decidieron que todos los conflictos deben solucionarse de forma pacífica y en el futuro bien podrían cerrar las bases militares extranjeras para evitar involucrarse en las peleas de otros.

En el caso de Cuba, si Washington accediera a devolver la Base Naval de Guantánamo tendría entonces la autoridad moral necesaria para reclamar a cambio que La Habana no permita la instalación de unidades militares de otras potencias en su territorio.

Así se cumplirían de una vez los sueños de los dos presidentes, se pondría fin  la ocupación militar de Guantánamo, reclamada desde siempre por Raúl Castro, y Barack Obama cumpliría la promesa de eliminar la prisión que tantas críticas trajo a EE.UU.

 

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