La revolución de Francisco está en marcha.

El Papa Francisco comenzó una revolución pacífica en la Iglesia, sin cambiar, al menos hasta ahora, una sola coma de la doctrina. La revolución que se propuso es si se quiere cultural, fundamentalmente actitudinal. O sea, dejar atrás un extendido espíritu inquisitorial, culposo, triste y reglamentarista  del catolicismo, macerado durante siglos, para colocar en el centro la esencia del Evangelio: el amor, y así privilegiar la cercanía a la gente y la comprensión.

El Papa está procurando que la Iglesia deje de ser una máquina de expulsar fieles, intentando acercar a los bautizados que creen a su manera sin importarles lo que dicen los curas y buscando entusiasmar a los no católicos.

Pero para ello no traiciona las creencias y preceptos, sino que cambia el orden de prelación: primero el Evangelio, después la doctrina y, finalmente, las normas morales. Y todo sin juzgar, sino buscando comprender y perdonar.

La entrevista que concedió a la revista jesuita Civiltá Cattolica es un verdadero cartabón de la esencia de su papado. Ya lo había deslizado en el libro “El jesuita”, de hace tres años, pero ahora lo profundiza y en gran forma. Francisco aprovecha el reportaje para buscar una reconciliación con los jesuitas. No es un secreto que su relación con su comunidad en la Argentina fue traumática.

Tras señalar que llegó a ser jefe  provincial de los jesuitas con sólo 36 años y que eso fue “una locura”, admite que “tomaba mis decisiones de manera brusca y personalista”. Y concluye: “Al final, la gente se cansa de tanto autoritarismo”.

Jorge Bergoglio dice que su estilo llevó a que se lo acusara de “ultraconservador”. Pero, en un singular sinceramiento dice: “No habré sido ciertamente como la beata Imelda, pero jamás he sido de derecha”. Con todo, asegura que “sus defectos y pecados” lo llevaron a aprender, a volverse más dialogante y a consultar. Señala que “algunos me dicen ahora que no consulte tanto y decida, pero yo prefiero consultar”. Así, cree que los cambios en la Iglesia que muchos le demandan requieren “un discernimiento”. Y completa: “Soy de la opinión de que se necesita tiempo para poner las bases de un cambio verdadero y eficaz”.

Francisco deja en claro que el priorizar las cuestiones morales, y concretamente las referidas a la sexualidad, está aislando a la Iglesia, sin permitirle llegar con la centralidad de su mensaje religioso.

La advertencia del pontífice es: “Tenemos, por tanto, que encontrar un equilibrio porque de otra manera el edificio moral de la Iglesia corre peligro de caer como un castillo de naipes, de perder la frescura y el perfume del Evangelio”.

En este aspecto, si se toma sólo la opinión de los católicos argentinos, que no son los más vanguardistas, se verá el abismo con las posiciones morales de la Iglesia. Una encuesta del CONICET de hace tres años revela niveles de aprobación de los fieles que superan al 80 % en el uso de anticonceptivos y hasta del 70 % en la aceptación de las relaciones prematrimoniales. Por no decir -en otro orden- que el celibato optativo goza de gran aprobación. Sólo el aborto en todos los casos tiene altos niveles de rechazo, no así en casos de violación, malformación del feto o peligro de vida para la madre, donde la aprobación supera el 60 %.

De todas formas, el Papa, con su fina percepción, al día siguiente de difundida la entrevista, al recibir a una delegación de médicos católicos, buscó acotar el terremoto que produjo: reafirmó el rechazo de la Iglesia al aborto y les pidió que no realizaran esas intervenciones.

También fue relevante la alusión de Francisco al rol de la mujer en la Iglesia. En ese aspecto fue categórico: “Afrontamos hoy el desafío de reflexionar sobre el puesto específico de la mujer, incluso allí donde se ejercita la autoridad en los varios ámbitos de la Iglesia”.

Clarin.com.ar

Written by

Este es un canal online creado para unir a los latinos que viven en los EUA y el Mundo.

No hay comentarios.

Leave a Reply

Message